5Nov

Un fin de semana en París ¡Oh lá lá!

Que te regalen un fin de semana en París  por tu cumpleaños…¡Es uno de los mejores regalos que te pueden hacer en la vida!

Seguro que estáis pensando “¡qué románticoooo!”. Pues sí. Es un regalo muy romántico, pero en este caso ha sido amor fraternal.

Hace unos meses recibí un email de mi hermano Rafa en el que había un archivo adjunto con el nombre de “cumpleañosfelizzzzz.pdf”. Creí que se trataba de alguna entrada para un concierto, festival o teatro, que son aficiones que compartimos, pero mi sorpresa fue máxima cuando al abrirlo, encontré una tarjeta de embarque destino ¡¡¡ París !!! ¡ Y era para el fin de semana de mi cumpleaños! Fue una sorpresa increíble que no voy a olvidar en la vida.

Este viaje fue el fin de semana del 16 al 18 de junio, y os aseguro que lo aprovechamos al máximo. Suerte que hoy en día los móviles tienen unas cámaras estupendas y he podido rascar alguna cosa para enseñaros. En este post os cuento cómo sacar chispas y disfrutar de París en dos días. Eso sí, preparaos para patear.

A pesar de que tuve media hora de retraso en mi vuelo Bilbao-París, el viaje no pudo empezar mejor. Llegar bien entrada la noche, que te lleven a una terraza parisina, y te pongan delante una tabla de quesos y una copa de vino francés, ¡no tiene precio!

Mi prima Lucía, su marido Jean Philippe y su petit Gastón, nos recibieron en su casa del distrito de Batignolles. Con ellos pasamos lo que fue un fin de semana inolvidable.

Sábado: pateando 22 km por París

Jean Philipe nos despertó con un desayuno muy francés, croissants y pain au chocolat para untar en el café. Con las pilas cargadas, pusimos rumbo hacia Montmartre.

Este pintoresco barrio parisino, también conocido como “el barrio de los pintores”, está en una colina. Lleno de empinadas callejuelas en las se encuentran los míticos cabarets como el Moulin Rouge, el Moulin de la Galette, o el Lapin Agile que es el más antiguo de París.

Merece la pena callejear. Disfrutar de las casas, de los pequeños restaurantes y del ambiente bohemio que todavía se respira en Montmartre.

En la parte más alta se encuentra la Basílica del Sacré Coeur. Uno de los monumentos más emblemáticos de París. Desde ahí hay unas vistas panorámicas de la ciudad increíbles, y desde el parque de abajo, hay unas vistas del templo magníficas. Las escaleras de al lado de la Basílica suelen estar repletas tanto de turistas como de locales que acuden a pasar la tarde disfrutando de las vistas.

Hacemos parada para comer en la terraza de un café por los alrededores. Hacía años que no comía un croque madame y en cuanto lo ví en la carta no me pude resistir. Este famoso sandwich de jamón y queso cubierto con bechamel, gratinado y con un huevo encima, es una delicia.

Después de comer continuamos nuestra ruta. Caminamos hasta el número 64 de la Rue Tiquetonne para visitar la famosa tienda Kiliwatch. Toda una institución en el mundo de la moda y centro de peregrinaje para los modernos que buscan esa prenda especial. Es el espacio vintage más famoso de París, con prendas de segunda y  de primera mano, muy reconocido en revistas como Vogue. Para muchos, visita obligatoria. De allí salí con unos short de Levi´s con la etiqueta “used”, y un par de camisetas de capricho que me auto-regalé por mi cumple.

Después de las compras, pusimos rumbo a la catedral de Notre Dame mientras disfrutábamos de todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Seguimos caminando al lado del río Sena hasta llegar al Museo del Louvre. No entramos, pero disfrutamos de verlo por fuera con sus características pirámides de cristal.

Pasamos el Louvre y continuamos el paseo por los maravillosos jardines de las Tullerías, pasando después por los Campos Elíseos hasta llegar a la Plaza de la Concordia.

Llevábamos ya unos cuantos kilómetros de caminata así que decidimos hacer una parada para reponer fuerzas. Cruzamos el puente de Alejandro III desde el que vimos la Torre Eiffel para acabar descansando a orillas del Sena.

Nuestra parada fue en Rosa Bonheur, un barco anclado convertido en bar-restaurante y que tiene una terraza estupenda. Si hace buen tiempo, toda la orilla está llena de gente disfrutando de una bebida o haciendo un picnic en el muelle.

 

Después de un par de cervecitas y una buena charleta, emprendimos el camino de vuelta a casa. Pasamos por la Ópera y por la iglesia de la Madeleine y ya cansados, decidimos coger el metro.

Todo este recorrido fueron 22 kilómetros. Muchos, pero muy disfrutados.

Domingo: brunch en el canal Saint-Martin y Le Marais

El domingo decidimos tomarlo con calma. Dimos un paseo por uno de los barrios más populares y de moda de París, Le Marais. Es el punto de encuentro de la gente que va a la última. Lleno de cafés apetecibles, edificios históricos, terrazas, tiendas de moda y galerías de arte.

Fuimos hasta el canal Saint-Martin para hacer un brunch. Los sitios más apetecibles suelen estar muy demandados, mejor tener hecha una reserva previa. 

Mi prima Lucía nos llevó al Pavillon des Canaux, un sitio genial a orillas del canal y con una decoración muy original.

Me gustó mucho descubrir que tenían opción de brunch vegetariano.

El sitio es una casa ambientada como tal. Con diferentes plantas en las que vas descubriendo rincones de lo más original. Puedes incluso comer sentado en una bañera.

 

 

 

Antes de coger el vuelo de vuelta a casa, no podíamos dejar de pasar por Androuët en la Rue Daguerre, una de las queserías más antiguas de París. Entre los mejores monumentos de esta ciudad, encuentro que podrían estar sus quesos.

Gracias brother. De verdad y de corazón. Me has enseñado que regalar experiencias compartidas es el mejor regalo que se puede hacer en la vida. ¡Por muchas aventuras más juntos!

Merci mon frère!